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El Circo de la Geohintonia.
Mi amigo
Charles Glass era
un eminente
cactófilo
afincado en México. Hasta su muerte en 1998,
participaba y fue el inspirador de
una organización, CANTE,
dedicada a los cactus mexicanos, con fines educacionales y de
reproducción de especies muy raras o amenazadas, hoy día
transformada en los jardines botánicos "Charco del Ingenio".
Charles era todo un personaje, por unos odiado y por otros admirado, que
levantaba aireadas polémicas allá por donde pasaba y dejaba oír sus
conferencias y puntos de vista
sobre la conservación de cactáceas.
A continuación
traducimos uno de sus artículos en The Cactus and Succulents Journal (U.S.),
volumen 69, nº 1, páginas 3-7:

Charles Glass en 1992
“El circo de la Geohintonia.
Por Charles Glass, Cante
A.C.,
Mesones, 71, San Miguel de Allende, México.
Cuando me solicitaron que describiera
el nuevo género que nombramos Geohintonia, la ocasión constituyó
para mí un gran honor y un tremendo placer. Sin embargo, todo lo que
tuvo que ver con la taxonomía del Aztequium hintonii (Glass&Fitz
Maurice), me causó un gran dolor de cabeza. Compresiblemente, el mundo
de las suculentas estaba muy ansioso por obtener esos remarcables nuevos
descubrimientos, y verlos en su hábitat era el deseo número uno en la
lista de casi todos los cactófilos que visitaban México. Había una gran
diferencia entre mi coautor, Fitz, y yo, acerca de cuanta información
deberíamos de hacer pública. Yo estaba convencido de que, describir el
tipo de terreno en el que crecían y la altitud, era información crucial
para el conocimiento científico de esas dos taxas. Creía que debíamos
informar del municipio en que vegetaban los cactus. Fitz pensó que
hacer eso era equivalente a dar la exacta localización a cualquiera que
estuviese dispuesto a expoliar el hábitat y coger plantas ilegalmente.
Su argumento era que todo lo que había que hacer era mirar un mapa
topográfico de la localidad, chequear la altura y el tipo de terreno
descrito, y ya lo tenían. Mi punto de vista era que la gente
descubriría con seguridad la localización
de
las colonias de tan
importantes descubrimientos, que no pararían hasta encontrarlos, que era
sólo una cuestión de tiempo, y que debíamos centrar nuestros esfuerzos
en educación y vigilancia en lugar de ofuscarnos.
Persiste la inocente creencia de que,
ocultando información acerca de los lugares donde crecen las nuevas
plantas, se puede evitar que la gente lo encuentre, lo que en este
momento no es en absoluto el caso. Si dicha información no es
accesible, ¿qué es lo que un ávido y persistente coleccionista hará? Se
cambian entre ellos localizaciones, como niños con cromos: “Tú me dices
donde crece esto y yo te digo donde crece lo otro”, o van al área
general que ha sido publicada con una foto de la planta y ofrecen una
recompensa a cualquiera que pueda encontrar la planta por ellos. O,
como sucedió en el caso de la Geohintonia, acudir a alguien que
saben que conoce el sitio y ofrecerle un montón de dinero a cambio de la
localización. Un austriaco, no precisamente un caballero, acudió a un
empleado de los Hintons quién había acompañado a George Hinton al
hábitat de la Geohintonia, y le ofreció 200 dólares para que le
dijera dónde crecían las plantas. El empleado rehusó la oferta. El
mismo tipo, volvió al día siguiente y le ofreció ¡400 dólares!. La Sra.
Hinton intervino y prácticamente lo echó
fuera de su propiedad sin contemplaciones. Un investigador de CANTE
enterado del suceso, averiguó que el individuo en cuestión estaba en
México a la caza de plantas, lo notificó al CITES, y fue detenido en el
aeropuerto cuando volvía a Austria con cuatro maletas llenas de cactus
de contrabando, incluyendo cerca de 280 plantas del raro Ariocarpus
fissuratus v. hintonii.
En Diciembre de 1995, antes de que
nuestra nueva taxa, Turbinicarpus alonsoi, fuera publicada en el
número de Febrero de la revista Kakteen und Andere Sukkulenten,
recibimos un fax de un amigo en Europa notificándonos que un cierto
personaje, el mismo que en cierta ocasión arrancó cerca de 2.000 plantas
del raro -¡sigue siendo muy raro aún hoy día!- Turbinicarpus hoferi,
había salido el día anterior hacia México, para pasar tres semanas, y
que su principal objetivo era recolectar nuestro nuevo Turbinicarpus…
Y, ¡sabía dónde crecía!, incluso antes de que lo hubiéramos publicado.
Lo notificamos al CITES y estamos casi seguros de que fue interceptado
en la frontera volviendo a Alemania. No tenemos más información pues el
CITES no las hace públicas.
De nuevo en 1992, el equipo de
directores del CSSA decidió aceptar nuestra invitación para mantener una
reunión en San Miguel de Allende. Geohintonia y Aztequium hintonii
habían sido recientemente descritos y, comprensiblemente, todo el equipo
quería conocer las nuevas plantas. Nosotros accedimos y preparamos una
visita oficial a la localidad de origen. SEDESOL, la agencia
gubernamental a cargo de los permisos para recolectar plantas, nos
notificó que miembros de la Sociedad Mexicana de Cactología habían
presentado una queja formal contra nosotros, pidiendo al gobierno que
prohibiera la visita. El gobierno contestó razonablemente que, estando
en un país libre, no podía prohibir a la gente que visitara esos
terrenos, y que sólo podían prohibir a los visitantes que arrancaran
plantas. Dos años y medio más tarde, CANTE invitó a la IOS a que
celebrara su Congreso aquí, en San miguel. Aceptaron y, una vez más, la
primera lista de sus prioridades era visitar el hábitat de la
Geohintonia. De nuevo, la Sociedad Mexicana de Cactología protestó
formalmente, esta vez con la firma de 48 de sus miembros, casi la entera
plantilla nacional de su Sociedad. Invitamos al representante del
gobierno de Monterrey, la capital del estado de Nuevo León en donde la
planta crece, para que nos acompañara. Lo que nos encontramos es el
objeto principal de este artículo, pero déjenme primero revisar los
intentos de propagación legítimos y ejemplos de tráfico ilícito en esas
dos especies.
Lo que considero más importante en mi
trabajo, es enseñar a los jóvenes mexicanos en el cultivo de sus cactus
nativos y otras suculentas. Nos encontramos con la irónica situación de
que casi todos los empleados de casi todos los viveros de cactus del
Sudoeste de Estados Unidos son mexicanos y, sin embargo, no existe
virtualmente ningún productor industrial en México que reproduzca
especies nativas de cactus y plantas crasas. Aún más: ¡Hay viveros en
México que importan cactus de Holanda y del sur de California para
abastecer el mercado mexicano! La parte triste de todo esto es que los
trabajadores mexicanos, trabajando fuera de su propio país, son sólo
enseñados a hacer tareas muy específicas. Lo hacen muy bien, pero no se
les informa de otros aspectos del cultivo de estas plantas. Visitamos a
lo mejor de nuestros jóvenes horticulturistas, dándonos vueltas por los
viveros del sudoeste de USA, y entrevistamos a varios empleados que
habían estado transplantando plantas desde el semillero a macetas
durante 10, 15, hasta 20 años, pero que desconocían el aspecto que
tomarían las plantas al desarrollarse y alcanzar la madurez. Eso es muy
diferente de que lo que queremos poner en marcha en México. Queremos
que todos los trabajadores de nuestro jardín botánico y su vivero
comercial sean capaces, no sólo de cultivar cualquier especie de cactus
o suculenta desde semilla hasta su madurez, sino que estén preparados
para enseñar a otros a hacerlo tan bien como ellos. Hemos hecho
excelentes progresos en esa dirección, pero es obvio, no lo
suficientemente rápido para coleccionistas del mundo entero que quieren
obtener algunas de estas excepcionales taxas que hemos tenido la fortuna
de descubrir o describir aquí en México. Por desgracia, muchas de estas
nuevas taxas se encuentran entre las más difíciles de hacer crecer
y propagar:
Entre las primeras plantas con las que hemos tenido que
enfrentarnos se encontraban la Geohintonia y el Aztequium
hintonii, tremendamente lentas y difíciles especies para hacer
crecer desde semilla, incluso es muy complicado su injerto. La
siguiente fue una de las especies más difíciles de Turbinicarpus
para propagar, nuestro nuevo Turbinicarpus alonsoi, por supuesto
planta del grupo CITES I, lo que implicaba dificultades adicionales en
la comercialización de esta novedad. Estamos trabajando en la
reproducción desde semilla del remarcable, nuevo, y en tremendo peligro
de extinción, Ariocarpus bravoanas, y, seguramente están todos
ustedes informados de lo muy lento y difícil que puede ser conseguir un
Ariocarpus a través de semilla. Más recientemente, hemos tenido
el desafío con nuestras nuevas subespecies de Strombocactus
-¿Cuántos de ustedes han conseguido que un Strombocactus llegue a
la madurez desde semilla?- No es ni fácil ni rápido. Pero esto no son
quejas; los desafíos son maravillosos y estimulantes, y yo prefiero
estar haciendo mi trabajo aquí, en CANTE, que cualquier otro tipo de
trabajo en cualquier parte del mundo: Enseñando a nuestros jóvenes a
cultivar semilleros de Mammillaria elongata, Echinocactus
grusonii, entre otros, mostrándoles como recolectar semillas
apropiadamente, cómo limpiarlas, clasificarlas, mezclas de tierra,
enmacetado, abonados, riegos, etiquetados y transplantes, francamente,
para mí, esto tiene mucha más importancia que luchar contra japoneses,
checos u otros, en proveer al mercado extranjero de ejemplares de
Geohintonia. Ciertamente, hemos perdido esa batalla ya que los
productores no se fijan en nosotros, pero hemos ganado mucho en ese
tiempo en lo que se refiere a buenos métodos y educación en la práctica
de la horticultura.
También tengo que decir que, gente
desde cualquier parte del mundo de los cactus, está, casi a diario,
intentando convencernos de que México, el único país del mundo que
regula la recolección de semillas de cactus, está equivocado desde
varios puntos de vista (beneficios, conservación, etc.) al no hacer las
semillas accesibles libremente. Esto puede ser o no ser el caso,
podemos estar o no convencidos, pero eso es todo en este punto. El
tráfico comercial de semillas va contra las leyes de México y eso es un
hecho; individuos que recolectan semillas y plantas de México sin los
apropiados permisos, son criminales a los ojos de muchos mexicanos y de
las autoridades de México.
Bueno, ¿y qué nos
encontramos cuando fuimos al hábitat de la Geohintonia mexicana y
Aztequium hintonii el pasado Septiembre? Durante la ruta,
algunas millas antes del hábitat, vimos
a
gente aclarando un área en un
lateral de la sucia carretera y les preguntamos qué era lo que estaban
haciendo. Nos explicaron que había tanto tráfico en esa carretera en
esos días que iban a construir una pequeña tienda para vender bebidas y
bocadillos a los turistas. Estando ya cerca de la localidad, un hombre
joven en una bicicleta nos llamó (sin preguntarnos por qué estábamos en
esa zona -¿para qué iba a ser?-) y nos dijo: “¿Cuántos sacos de plantas
quieren?” Más tarde hablamos con los encargados del Ejido, un rancho
cercano al sitio, y nos dijeron que estaban pasando caravanas, de hasta
16 vehículos de una vez, que se dirigían al hábitat. En Europa, Gerhard
Kohres ofrece cientos de miles de semillas de estas novedades, y
escuchamos historias sin confirmar de cómo, en lugar de tomar su tiempo
para coger las semillas cuidadosamente sobre el
terreno, algunos recolectores estaban simplemente decapitando las
plantas para poder más tarde, cómodamente, rebuscar entre la lana apical
de las cortadas cabezas de las plantas y encontrar sus semillas. Se
reportó que un joven estudiante checo pagaba sus estudios universitarios
gracias al beneficio que conseguía con sus viajes de caza de semillas a
México. Y todo esto ocurría mientras algunas personas pensaban (a esto
lo llamo “el síndrome del avestruz”) que se podía proteger a esas
plantas manteniendo su lugar de origen en secreto. Desde el momento en
que plantas como la Geohintonia y el Aztequium hintonii
son descritas, no existe nada bajo el sol de México que pueda mantener
secretas esas localidades, y pensar eso es realmente engañarse a uno
mismo.

Semillero de Geohintonia
Visitamos un vivero en el
sur de California que había sido alertado de nuestra próxima visita, en
anticipación a la cual habían cambiado el nombre de la etiqueta de una
mesa de siembra de miles de semillas de Geohintonia al de “Parodia
specimen”. En fin, les dije que una vez que uno había visto un
semillero de Geohintonia, no ibas a confundirlo por uno de
parodias o cualquier otro tipo de cactus.
Una visita turística de
cactus para ver la Geohintonia está siendo anunciada en la
revista Kaktus de Dinamarca; está dirigida por Rodrigo González, un
biólogo de Saltillo y autor de Mammillaria sanchez-mejoradae. No
hemos oído nada sobre peticiones al gobierno para prohibir esa visita
guiada. Un empleado fijo de CANTE, Felipe Otero, escribió a Japón
ofreciéndose para conducir grupos de japoneses cactófilos al hábitat de
la Geohintonia, y concluía su escrito con esta petición: “-Pero por
favor, ¡no se lo digan a Charles!”
Sí, esto es lo que yo
llamo un Circo. ¡Mándenme los payasos!
P-D: Un suceso muy
reciente debe ser mencionado porque tanto ver cactus como robarlos puede
volverse peligroso o frustrante. George Hinton, visitó recientemente el
terreno de sus nuevos descubrimientos, en compañía del nuevo director
general del CITES, el suizo Dr. Jonas Lüthy, y los lugareños estaban muy
hostiles y enfadados, y no querían que sacasen fotografías de las
plantas. Tuvieron que estar discutiendo con ellos durante más de una
hora para que, refunfuñando, les permitieran visitar el sitio y tomar
algunas fotos. Aparentemente, el incremento del tráfico en esa área tan
remota, donde no estaban acostumbrados a ver vehículos forasteros, se
había vuelto tan intenso, y la actitud de muchos de los turistas
era
tan
ofensiva, que la gente simplemente se había hartado. Hemos oído
informes de ventanas de coches hechas añicos y daños vandálicos en
vehículos en ese lugar, causados aparentemente por gente del pueblo muy
enfadada por el arranque ilegal de plantas que ellos y la Ley consideran
su patrimonio. Esta nueva actitud, puede ser que sirva para proteger
las plantas pero es altamente reprobable. Nosotros quisiéramos que
visitar cactus en su terreno, fotografiarlos en la Naturaleza, se
pudiera convertir en una legítima y civilizada atracción turística.

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