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El Peyote y las nuevas religiones mistéricas americanas
IV
La
espiritualidad del peyote (Cont.)
No se conocen documentos que atestigüen
con fiabilidad si los misioneros católicos de los siglos XVI a XIX
probaron nunca el efecto del peyote sagrado de aquellos pueblos
indígenas, pero a partir de las desacertadas afirmaciones que realizan
en los textos coloniales (como la anterior de Sahagún) se puede inferir
que nunca lo consumieron, ya que el efecto del cactus dura entre seis y
ocho horas pero nunca "dos o tres días"(5). La persecución cristiana
contra las formas religiosas de los indígenas mexicanos fue en aumento
hasta que el 19 de junio de 1620 los "Inqvisidores contra la herética,
el vicio y la apostasía" oficializaron un decreto en México que reza
así:
El vso de la
Yerba o Raiz llamada Peyote... es acción supersticiosa y reprobada,
opuesto a la pureça, y sinceridad de nustra Santa Fe Catholica, siendo
ansi, que la dicha yerba ni otra alguna no puede tener la virtud y
eficacia natural que se dize para los dichos effectos ni para causar las
ymagenes, fantasmas y representaciones en que se fundan las dichas
adivinaciones y que en ellas se ve notoriamente la sugestion, y
asistencia del demonio, autor deste abuso...
Mandamos que de
aquí adelante ninguna persona de cualquier grado y condicion que sea
pueda usar ni use de la dicha yerba, del Peyote, ni de otra para los
dichos efectos (sic), ni para otros semejantes debajo de ningun titulo,
o color, ni hagan que los indios ni otras personas las tomen con
apercibimiento que lo contrario haciendo, demas deque abreys incurrido
en las dichas censuras y penas, procederemos contra los q. rebeldes e
indoliantes fueredes, como contra (sic) personas sospechosas en la Santa
Fe Catholica. (citado por OTT, 1996:78).
Este decreto constituyó la base legal
para que el consumo de peyote y de cualquier otro enteógeno fuera
perseguido con toda violencia por parte de los soldados y misioneros
castellanos. A cambio, a los indígenas se les ofrecía como substituto el
mediterráneo vino de misa y posteriormente, para frenar su fiereza, se
les embriagó con los destilados anglosajones - licores como el
aguardiente o el whisky que, aunque todavía no estudiado con rigor, han
jugado un papel fundamental en todo el proceso de colonización de las
Américas- . A pesar de todo, el peyote y otros enteógenos han seguido
siendo usados en secreto o no por la casi totalidad de grupos indígenas,
y gracias a ello la antropología ha podido conocer con detalle tales
prácticas y la importancia sin igual que tienen en la cosmovisión, el
arte, la medicina, las relaciones sociales y la religiosidad indígena.
La bibliografía sobre el peyote, o híkuri o híkuli como es
denominado en lenguas indígenas actuales del norte de México, es muy
extensa y cada vez más compleja, lo que da una indicación de la enorme
importancia y profundidad cultural de tal práctica (tal vez conviene
señalar las obras de BENÍTEZ 1968; FURST 1972 y 1980; LA BARRE 1980; y
OTT, 1996, donde aparece una extensa bibliografía. Para un resumen de la
historia y usos del peyote: EVANS SCHULTES y HOFMANN, 1982:132-143).
Dicho lo anterior, la historia sigue.
El uso sacramental del peyote no tan solo ha sobrevivido entre las
etnias habitantes del actual México, en especial entre huicholes y
chichimecas, sino que a finales del siglo XIX - a partir de 1870 según
algunos autores- el consumo del cactus inició una rápida expansión de la
mano del movimiento pan-indio. Según la extensa y erudita obra de W. La
Barre, El culto del peyote, el camino que probablemente siguió el
uso sacramental de este pequeño cactus partió del norte de México y
pronto fue adoptado por grupos nómadas como los apaches mescaleros del
sudoeste de los EE.UU., a los cuales llegaría de la mano de otros
pueblos nativos del México septentrional. De los apaches, el peyote pasó
a los comanches kiowa y así continuó su difusión hasta el norte de los
EE.UU., a las tribus de las praderas, y finalmente hasta el oeste del
territorio canadiense (OTT, 1996).
Es muy probable que el consumo
ritualizado de este enteógeno haya cumplido una doble función entre los
indígenas norteamericanos, y hoy lo sigue haciendo:
-
por un lado, satisfacía las
expectativas espirituales o chamánico-religiosas más toda la
relación de ayuda que deriva de ello, y
-
por otro, actúa como elemento
reafirmante de identidades étnicas colectivas.
No se debe olvidar que el consumo del
peyote llegó a las gigantescas praderas americanas en el momento álgido
y más violento del proceso de aculturación occidental en aquellas zonas.
En este sentido, el uso del cactus enteógeno fue renovadamente
estigmatizado por los blancos en el siglo XIX - cuando la Inquisición ya
había dejado de actuar en América- para poder atacar las tradiciones y
culturas indígenas ahora con fines políticos, raciales y económicos como
queda reflejado, por ejemplo, en el artículo de T.S. Blair "Habit
indulgence in certain cactaceus plants among the Indians", editado en
1921 en el Journal of the American Medical Association (ibid:79).
En aquellos años del primer tercio del
siglo XX se produjo un fenómeno social - que se mantiene hoy- alrededor
de las religiones mistéricas que usan enteógenos. Los indígenas, en su
urgente búsqueda de aliados blancos que les apoyaran en el consumo
ritualizado del peyote, hallaron principalmente ayuda entre
antropólogos, etnobotánicos, abogados y algunas personas de
idiosincrasia liberal. La Constitución de los EE.UU. garantiza la total
libertad de religiones dentro de su ámbito territorial, y ello fue la
palanca legal que permitiera a los indígenas mantener sus prácticas
enteógenas vigentes. No obstante, para ello necesitaron ayuda a la hora
de interpretar las Leyes estatales y federales, y el apoyo de opiniones
y figuras autorizadas por la propia sociedad blanca. Tras diversas
discusiones, la larga batalla legal fue ganada por los indios - una de
las pocas que han ganado en la historia de la aculturación de
Norteamérica, como apuntan diversos autores- y en el año 1918, líderes
de las etnias cheyenne, kiowa, ponca, otoe y comanche fundaron en
Oklahoma la Native American Church, Iglesia Nativa Americana.
Según comenta E.F. Anderson (1980), la iglesia se extendió de forma
rápida incluso hasta territorios meridionales del Canadá, pero algunos
indígenas ancianos mostraron su oposición a tal "reforma"
chamánico-religiosa que incluía el uso del peyote, ya que no formaba
parte de sus tradiciones ancestrales que, a menudo, incluían el consumo
de otros enteógenos no contemplados por la nueva Iglesia Nativa
Americana. Este hecho reafirma lo dicho anteriormente respecto de la
función socializadora y generadora de identidades asociadas al uso
ritual del cactus o de otros enteógenos.
A pesar de ello, la situación actual
navega en medio de una batalla de ambigüedades legales ya que la Ley
norteamericana acepta a regañadientes la venta y difusión del enteógeno
y, por ejemplo, en el año 1964 se condenó a algunos indígenas por
asuntos relacionados con la venta del peyote. Lo soporta gracias a la
libertad innegociable de las creencias religiosas que profese cada cual,
y al uso altamente ritualizado del cactus en esta iglesia, lo mismo que
sucede con la ayahuasca y las iglesias daimistas de las que se habla más
adelante. Por otro lado, diversos grupos indígenas, como por ejemplo los
navajos y los hopis, comparten el consumo del cactus visionario pero
nada más ya que se trata de grupos étnicos enemigos que nunca se reúnen
para celebrar sus ritos religiosos. Esto conlleva que no exista un
frente común para organizar, controlar y legalizar la recolección, la
venta y el consumo de este cactus enteógeno.
Una nueva dificultad legal tuvo su raíz
en el hecho de que, cuando se autorizó el consumo de peyote con fines
espirituales en todos los EE.UU., se aceptaba el uso de este alucinógeno
pero tan solo por parte de personas que pudieran demostrar que corría un
mínimo del veinticinco por ciento de sangre india por sus venas: es
decir, se trata de una Ley claramente racista - y esto es algo que hoy
despierta muchas suspicacias en los EE.UU. Además, es muy difícil
calcular el índice real de sangre indígena que corre por las venas de
cada persona, ya que a lo largo de este siglo ha habido muchos
matrimonios mixtos de blancos e indios, hijos no reconocidos, etc. Por
otro lado aun, la Iglesia Nativa Americana se trata de una organización
con fines y contenidos de carácter espiritual, no es un partido político
u otro tipo de organización con intereses materiales o nacionalistas,
con lo cual la adhesión o no a tal camino religioso debería estar basada
en una espiritualidad vivida de forma individual y en el compromiso
personal hacia y con las prácticas místico-extáticas que propugna la
Iglesia Nativa Americana. Por ello, la adscripción a la iglesia del
peyote no puede estar basada en aspectos raciales, económicos o
lingüísticos, como reclaman los propios dirigentes y líderes religiosos.

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